Comunidad Santa
Fundamentos
Comprender la santidad práctica: el objetivo de nuestra senda
Para quien se inicia en este camino, es fundamental comprender que no buscamos una santidad de estatuas o de mitos inalcanzables. Lo que nos proponemos es la Santidad Práctica. Esta no consiste en dejar de ser humanos, sino en llevar nuestra humanidad a su estado más limpio, útil y armonioso, convirtiendo cada pequeña acción en una ofrenda para la Santa Deidad.
¿Cuál es el objetivo que pretendemos alcanzar?
El objetivo central es convertirnos en canales transparentes. Imaginemos que el ser humano es como un cristal a través del cual la luz de la Fuente Primordial desea iluminar el mundo. El ego, la violencia, la mentira y el apego son como manchas que oscurecen ese cristal. Alcanzar la santidad práctica significa trabajar diariamente en la limpieza de ese cristal para que la Potencia Divina pueda actuar a través de nosotros sin estorbos.
Logramos el objetivo cuando nuestra existencia ya no es una fuente de ruido o dolor para los demás, sino un reflejo de la Perfección Divina. El fin último es que el “yo” se haga pequeño, para que el amor desinteresado por la creación sea lo que guíe cada uno de nuestros latidos.
¿Cómo sabremos cuando nos acercamos al objetivo?
Aunque la perfección total es un horizonte infinito que nos marca la dirección, el progreso en la santidad es real y puede percibirse. Sabrá que la Directriz de la Santidad está dando frutos en usted por las siguientes señales de claridad:
La Ausencia de Reacción Violenta: El signo más claro es cuando lo que antes causaba enojo o agitación (un insulto, un imprevisto, una injusticia), ahora es recibido con una Mansedumbre Celestial. Se deja de ser un “choque” de fuerzas para ser una fuente de calma.
La Coherencia Silenciosa: Se alcanza el objetivo cuando lo que usted piensa en lo más profundo es idéntico a lo que dice en público y a lo que hace en secreto. No hay grietas en su espíritu; usted es una Unidad de Rectitud.
La Sensibilidad hacia lo Sagrado: Se percibirá la santidad cuando deje de ver el mundo como cosas vacías y comience a sentir respeto y piedad por cada brizna de hierba, cada gota de agua y cada criatura. La vida de los otros se vuelve tan valiosa como la suya porque reconoce en ellos la misma Obra Divina.
La Paz sin Motivo: Sabrá que la Potencia Divina habita en su interior porque experimentará un estado de gozo y serenidad que no depende de si las cosas salen “bien” o “mal” en el mundo externo. Es la paz de estar cumpliendo con el Plan Sagrado.
Nota para el iniciado: No busque la meta con la prisa del mundo material. En esta senda, cada paso dado con sinceridad ya es, en sí mismo, un momento de santidad. No nos comparamos con otros, solo con nuestra sombra del pasado, agradeciendo a la Sabiduría Suprema por cada mancha que logramos limpiar de nuestro corazón.
La importancia de autogestionar el avance espiritual: un ritmo único hacia la fuente
En esta senda hacia la pureza, es fundamental comprender que el progreso no es una competencia, sino una labor de absoluta honestidad personal. La Santidad Práctica no se impone desde el exterior; es un florecimiento que ocurre desde el interior de cada ser. Por ello, la responsabilidad de gestionar el propio avance reside únicamente en la voluntad de la persona buscadora y en su vínculo directo con la Santa Deidad.
El avance a ritmo propio
Así como en la naturaleza cada semilla brota y alcanza su madurez en tiempos distintos según su especie y el terreno que habita, cada alma posee un ritmo particular para la transformación. Existen razones esenciales por las que este camino debe ser autogestionado:
La Ausencia de Jerarquías: En esta comunidad se reconoce el principio de la Unidad Divina en cada ser. No existen autoridades ni maestros humanos que califiquen o juzguen el progreso ajeno. Quien camina en la santidad no debe rendir cuentas a otra criatura, sino observar con transparencia su propia conducta ante la mirada de la Fuente Primordial.
La Diferencia de Contextos: Se reconoce que cada existencia parte de una historia diferente. Una persona puede tener más facilidad para la paciencia pero encontrar mayor dificultad en la sobriedad. La Potencia Divina valora el esfuerzo sincero dentro de las circunstancias particulares de cada quien, y no una meta estándar igual para todas las personas.
La Libertad frente a la Culpa: Autogestionar el avance permite que, si ocurre un retroceso, no exista el peso del juicio ajeno. Si habita la debilidad en un momento dado, se tiene la libertad de reconocer el error ante la Santa Deidad y reiniciar la práctica con gratitud renovada, sin necesidad de sanciones o presiones externas.
¿Cómo saber si el avance es el correcto?
Para evaluar si el caminar se dirige hacia la Perfección Divina, la persona no debe mirar a quienes le rodean para compararse. La comparación suele generar orgullo o desánimo, dos sombras que alejan de la luz. En su lugar, se sugiere observar la propia vida con los siguientes criterios:
El Diálogo Íntimo: ¿Se percibe una comunicación más fluida y constante con la Potencia Divina en lo cotidiano?
La Transformación de los Hábitos: ¿Se aplican con más naturalidad los ejercicios de las virtudes? El éxito no es no caer nunca, sino la prontitud con la que la voluntad decide levantarse y retomar la Rectitud.
La Paz en la Propia Conciencia: La señal más clara de que se avanza al ritmo adecuado es la aparición de La Serenidad en el pensamiento. Si la práctica causa angustia o prisa, es señal de que se está forzando un paso que aún no es natural. La santidad es un estado de armonía, no de agotamiento.
Cada ser es responsable de su propio templo. Se avanza con paso firme, reconociendo que cada pequeña victoria sobre un defecto es celebrada por la Magnificencia de la Creación, sin importar cuánto tiempo tome alcanzarla. La fidelidad en la constancia vale más que la rapidez en la ejecución.
La práctica de la santidad: el camino del servicio
El deseo más profundo de toda existencia que busca la luz es alcanzar la Santidad. Sin embargo, la santidad no es solo un sentimiento o una idea lejana; es algo que se pone en práctica en cada momento del día. Para llegar a esa meta, se necesita claridad y conocimiento sobre cuáles son los pasos exactos que se deben dar.
La santidad no se alcanza por el mero hecho de leer o estudiar, sino por la aplicación de lo aprendido. El fundamento reside en la práctica, el ejercicio constante, la creación del hábito y la transformación del estilo de vida. Son los cambios visibles en el comportamiento, junto con la renovación de pensamientos y sentimientos, lo que conduce hacia la santidad.
Por tal motivo, resulta esencial poner en práctica lo que se estudia. El objetivo no es que, por ejemplo, al ayudar a un insecto el mundo se transforme repentinamente o cese todo sufrimiento para siempre, sino que la transformación ocurra en el interior de cada ser. No es posible terminar, mediante el esfuerzo propio, con todo el daño del mundo; sin embargo, una conducta consciente y dedicada al servicio guía hacia la santidad, paso a paso, mientras se brinda un ejemplo de vida.
Este es el modo de servir a la Santa Deidad y a la creación divina. No existe la exigencia de poseer una perfección absoluta, sino la de actuar en la búsqueda constante de la excelencia. Se acepta la posibilidad de cometer errores, manteniendo siempre el compromiso de obrar del mejor modo posible. Se reconoce que la perfección es un punto ideal de referencia, inalcanzable como el horizonte; el horizonte no es un destino de llegada, sino la dirección elegida para el movimiento.
La santidad se alcanza mediante el obrar santo y el rechazo a lo que carece de rectitud. Es preciso comprender que, al dejar de realizar aquello que es santamente necesario o posible, se abandona el actuar santamente; esto ocurre al negar una acción que, desde la perspectiva de la santidad, era requerida.
Por ejemplo, si existe la posibilidad de brindar auxilio a quien padece necesidad y no se hace, el error reside en la omisión de una conducta bondadosa y de una práctica de caridad. En este caso, la falta no consiste en haber obrado erróneamente, sino en haber omitido lo correcto cuando estaba al alcance de la mano.
Por tal motivo, el ejercicio de la santidad requiere de gran atención y dedicación, manteniendo un estado de alerta ante los llamados de la Santa Deidad. La existencia se consagra al servicio de la Potencia Divina y de la creación universal, con la disposición de ser un instrumento de la Fuente Primordial en momentos inesperados y a través de medios inimaginables.
La función de los textos y materiales: del conocimiento a la vida santa
Para recorrer la senda que conduce a la unión con la Santa Deidad, se dispone de diversos materiales: escritos para la lectura, registros sonoros para la escucha y contenidos audiovisuales. Es de suma importancia comprender el papel que estas herramientas desempeñan. El material de estudio es como un mapa detallado: muestra el camino, señala los peligros y describe la belleza del destino, pero el mapa no es el viaje.
La diferencia entre saber y obrar
Se debe tener la claridad de que la Santidad no es un logro intelectual ni una acumulación de datos. Se puede dedicar la existencia entera a la lectura o a la escucha de las palabras más sabias, pero si ese conocimiento no se traslada a la punta de los dedos y al centro de las acciones, el alma permanece en el mismo sitio. La sabiduría solo es real cuando es practicada.
Quienes comienzan el camino deben observar estos principios:
La Lectura como Alimento y Preparación: El estudio constante de los textos y la atención a los materiales brindados tienen el propósito de “afinar el instrumento”. Así como el aire llena los pulmones para dar fuerza al cuerpo, la lectura llena la mente de la Claridad necesaria para distinguir entre lo que es grato a la Potencia Divina y lo que nos aleja de su luz.
La Implementación en lo Pequeño: El objetivo último no es terminar un libro o memorizar un ejercicio, sino implementar la enseñanza en el momento mismo en que se cierra el texto o se termina la escucha. La Santidad se manifiesta cuando lo que se ha aprendido transforma el modo en que se barre una habitación, se trata a una planta o se responde a un agravio.
De la Teoría a la Liturgia del Servicio: No basta con reconocer la magnificencia del orden divino en las palabras de un texto. Se busca que ese conocimiento se vuelva un hábito vivo. El valor de este material reside exclusivamente en su capacidad de ser utilizado para la no-violencia y el bien absoluto.
Cómo utilizar el material de estudio
Al acercarse a estos contenidos, no se busca ser una persona “estudiosa”, sino una persona “santa”. Por ello, se recomienda:
Reflexión en Silencio: Después de cada lectura o escucha, dedique un instante a percibir La Serenidad. Pregunte en el interior: “¿Cómo puedo convertir esta palabra en un acto de servicio el día de hoy?”.
La Acción Inmediata: Si el texto habla sobre la paciencia, no espere a mañana; practique la mansedumbre en la primera dificultad que se presente tras cerrar el libro. Si el material audiovisual enseña el respeto por la vida, pida perdón a la siguiente hortaliza que prepare.
La Constancia sin Alarde: La verdadera utilidad de lo aprendido no se demuestra en discusiones o demostraciones de saber, sino en una conducta que refleje la Pureza y el orden con que la Fuente Primordial organizó el mundo.
La trascendencia del acompañamiento diario
Es de igual relevancia otorgar la Valoración debida al material cotidiano que se distribuye de forma regular. Estos recursos breves no son simples recordatorios, sino el ancla de la Vigilancia que el espíritu necesita para no extraviarse en el ruido del mundo material.
La Alimentación Constante del Pensamiento: Así como el cuerpo físico requiere del sustento varias veces al día para conservar su fuerza, el alma necesita nutrirse de la Claridad en lo cotidiano. Aprovechar el material diario permite que la Potencia Divina sea una presencia real en la memoria, evitando que los antiguos defectos del carácter recuperen su espacio.
La Transformación en Ritual de Vida: Cada pequeña reflexión, cada audio o imagen que se brinde, es una invitación para detener la marcha y percibir la Sacralidad en el instante presente. Quien aprovecha estas herramientas con la Regularidad de un rito personal, logra que la santidad no sea un evento aislado de un día de estudio, sino una “Liturgia Continua de Servicio” que impregna cada minuto de la existencia.
Se recuerda que el propósito final es que la vida entera se convierta en una oración constante. Los textos son la antorcha que ilumina el suelo que se pisa, pero el camino se hace paso a paso, a través de la aplicación práctica de la bondad y la rectitud en cada encuentro con la Creación.
El enfoque en la acción correcta
A veces, el pensamiento se pierde tratando de entender misterios muy grandes, como el origen de todo lo que existe o cuáles son los planes secretos de la Santa Deidad. Aquí, la propuesta es diferente y más sencilla:
Servir, no solo entender: No se busca descifrar lo que es incomprensible para la mente humana. Lo más importante no es saber cómo comenzó el universo, sino comprender cómo se debe actuar hoy para honrar la Magnificencia de la Fuente Primordial.
La Sabiduría de lo Cotidiano: El conocimiento que se ofrece está diseñado para la vida real. Se trata de saber qué hacer en el trabajo, cómo tratar a la familia y cómo relacionarse con la Creación.
Herramientas para el camino: ejercicios y enseñanzas
Como toda tarea importante, alcanzar la pureza del alma requiere práctica. Por eso, se dispone de guías y ejercicios que ayudan a orientar la conducta:
La Orientación del Carácter: Existen enseñanzas que ayudan a cambiar el enojo por la paciencia y el egoísmo por la generosidad.
La Disciplina del Espíritu: Los ejercicios (como el silencio, la oración y la rectitud en el trato) son como un entrenamiento que permite que la paz se vuelva un hábito natural.
El Propósito del Servicio: Todo lo que se aprende tiene un solo fin: que la vida entera sea un servicio correcto y agradable a la Potencia Divina.
La meta de la santidad práctica
Se enseña que la verdadera grandeza no está en tener muchos estudios, sino en vivir con una conducta limpia. Cuando una persona sabe qué hacer para no causar daño y para dar amor, ya está recorriendo el camino que agrada a la Fuente Primordial.
La santidad es limpieza en las palabras.
La santidad es respeto hacia toda la creación.
La santidad es humildad en el servicio diario.
La comunidad ofrece este camino de aprendizaje no para crear juicios o discusiones, sino para facilitar que cada persona encuentre el modo de vivir en la Perfección de la Deidad. Al seguir estas orientaciones, el alma encuentra descanso, pues sabe con seguridad que está haciendo lo correcto para servir a la Fuente con gratitud, alegría y en total estado de paz.
Vegetarianismo (ovo-lacto-vegetarianismo). Se permite comer huevos, leche, queso y crema de leche. No debemos consumir animales de ningún tipo (ni acuáticos, ni aves, ni terrestres). Tampoco consumimos insectos. Cuando decimos “consumir” nos referimos a “comer” o “beber” para alimentarnos. Si nos aplican alguna medicina que contiene algún componente animal o de insectos, eso no nos generará problemas, aunque solamente lo haremos si es absolutamente necesario.
No aceptamos que los miembros consuman tabaco, bebidas alcohólicas o embriagantes, ni drogas no recetadas por un médico por absoluta necesidad. Nuestra mente y nuestro corazón deben estar puros, debemos estar en completa lucidez, para sostener correctamente nuestra relación con Dios, y determinar lo que es correcto o incorrecto. Una persona intoxicada no puede tener la capacidad de decisión y discernimiento que tiene una persona lúcida y desintoxicada.
Compromiso de no violencia, no daño, no perjuicio, no destrucción, no causar sufrimiento, hacia todo ser vivo, sea humano, animal o vegetal. Respetamos las perspectivas de todos los seres de la creación de Dios. Para nosotros la Santa Divinidad está en todo lo existente, y todo lo existente ha sido creado por Dios. Nosotros estamos para relacionarnos con respeto, y cuidando la creación de Dios. Esto incluye el compromiso de cuidar el modo en el que nos relacionamos con nuestro entorno o ecosistema, es decir, lo que usualmente se llama naturaleza o medioambiente, evitando dañarlo o perjudicarlo en la medida en que nuestras capacidades y las circunstancias nos lo permitan. Nos comprometemos a no perjudicar incluyendo daño físico, daño emocional, daño psicológico, daño moral, daño económico, o cualquier forma de perjuicio o daño. Nuestra conducta no debe causar daño o sufrimiento. Nuestra conducta debe ser santa.
Nos comprometemos a no trabajar en actividades que puedan causar daño o perjuicio. Debemos trabajar en actividades que sean compatibles con nuestra santidad. Nuestros empleos o trabajos, nuestra actividad profesional, artesanal o técnica no debe ser una excusa para no cumplir con los compromisos de santidad.
Nosotros sostenemos nuestra vida, gracias a la alimentación vegetariana, los huevos, la leche y la crema de leche. Por lo tanto, debemos agradecer a la Santa Divinidad por estos alimentos que nos nutren y nos permiten tener una vida saludable y longeva. Sin embargo, algunos vegetales pueden morir para que nosotros podamos vivir, ya que algunos son recortados y siguen viviendo (por ejemplo algunas verduras de hoja o frutos caídos o maduros, o legumbres), pero otros dejan de vivir (como los tubérculos). Por lo tanto, nosotros cuando estamos preparando los alimentos y cuando vamos a consumirlos, debemos pedirles perdón por consumirlos y agradecerles por darnos la vida, pues dichos alimentos pierden su vida para regalarnos la vida a nosotros.
No debemos criticar ni juzgar. No hablaremos de otras personas en su perjuicio, dañando su reputación, sembrando dudas sobre su conducta o su integridad moral o ética, o sobre su santidad. No incitaremos malos pensamientos sobre alguien. No participaremos de rumores, chismes, ni otro tipo de circulación de información que perjudique a alguna persona. Mantendremos silencio y, si alguien nos viene a hablar de otra persona, hacemos silencio y no opinaremos ni repetiremos lo escuchado a otras personas.
No tenemos diezmos, ni ofrendas, ni primicias. Solamente tenemos donaciones voluntarias dirigidas directamente a la central, con el objetivo de lograr sostener esta obra que requiere recursos materiales, tecnológicos y humanos. Ninguna persona está obligada, ni será presionada en contra de su voluntad, a entregar dinero o bienes o cualquier otra cosa de valor.
Tenemos un esquema de ayunos semanales, mensuales y anuales. Sin embargo, es para personas sin problemas de salud declarados por médicos. Solamente las personas sanas pueden realizar estos ayunos, pues el objetivo no es perjudicar la salud, sino todo lo contrario, preservar la salud, protegerla, sirviendo con santidad a Dios.
No tenemos bautismo. Cada persona elige comprometerse o no comprometerse con estas propuestas de vida. Ofrecemos un estilo de vida, unos hábitos que, para nosotros, conducen a la santidad. Si alguien no cumple con los criterios que proponemos, es algo que se resuelve entre la Santa Divinidad y la persona. Entre nosotros no hay expulsiones o sanciones.
No hay autoridades. No hay cargos ni roles eclesiásticos o sacerdotales. Todos son sacerdotes. No hay miembros superiores a otros. No hay jerarquías. Los distintos niveles alcanzados por cada miembro, es una cuestión que se resuelve entre la Santa Divinidad y la persona. Cada persona logrará distintos niveles de compromiso y de perseverancia en la observación de los hábitos, protocolos, formas propuestas. Cada persona tiene su propio ritmo y su propio estilo de vida. Cada persona proviene de distintas familias, con distintas tradiciones culturales, sociales, económicas, historias de vida, hábitos y costumbres.
Nosotros no tenemos templos. Las reuniones serán en forma de células, tanto reuniones virtuales como reuniones presenciales físicas. Se reunirán físicamente en las casas de los miembros de las células, o en otro lugar que determinen, pero que no requiera sostener un sitio físico fijo con todas las responsabilidades y gastos que eso implica. Siempre teniendo en cuenta que el desplazamiento físico hasta un sitio para reunirse, puede complicar a muchas personas, con lo cual se recomiendan las reuniones virtuales para facilitar a todos los miembros de la célula el poder participar del encuentro.
Todo miembro es miembro por convicción propia, sin que esto recaiga en otra persona que debe decidir si la persona candidata es digna o no de ingresar a la comunidad. Las personas que sienten un llamado de la Santa Divinidad a pertenecer a esta comunidad santa, deberán esforzarse según sus capacidades y su contexto, a cumplir con las pautas de vida que proponemos. Es una elección, no una obligación impuesta externamente. La Santa Divinidad debe guiar a la persona, infundiendo el espíritu de santidad, el deseo de servir a la Santa Divinidad en santidad.
Esto significa que los miembros pueden pertenecer a otras agrupaciones religiosas. Nosotros no exigimos exclusividad, sino que proponemos un nivel de santidad para nuestro diario vivir, por lo tanto, no necesariamente es incompatible con la religión o creencia que cada persona profese. Nuestra comunidad no exige abandonar las creencias o agrupaciones que por convicción o tradición cada persona tiene. Cada persona deberá decidir si la Santa Divinidad le llama a pertenecer a nuestra comunidad, y deberá resolver con la Santa Divinidad cómo integra nuestras propuestas con su estilo de vida en su propio contexto.
No hablaremos de la metafísica o de la teología. Nuestro objetivo es alcanzar la santidad en nuestra conducta, en nuestras acciones. Por lo tanto, cada miembro, es libre de buscar, si la Santa Divinidad se lo pide, explicaciones teológicas o metafísicas, en alguna religión o propuesta espiritual que brinde estas explicaciones. Nuestro objetivo es la practicidad de la vida cotidiana en el servicio santo a Dios, ayudar a las personas a transitar el camino de la santidad en vida. Las explicaciones sobre los motivos y planes de Dios, o sobre el origen cosmológico o cosmogónico del universo, quedan fuera de nuestra propuesta.
Para nosotros la familia es santa. Promovemos vivir en familia. Sin embargo, nosotros no definiremos las formas de familia aceptadas. Hay múltiples formas de configuración familiar. Pero los niños deben crecer, educarse y desarrollarse en familia, no en instituciones. Las personas deben evitar vivir solas, aisladas, marginadas. Promovemos el vivir con otros, dando y recibiendo amor, cariño y ternura, en santidad. Las relaciones entre las personas son complejas, y nuestro objetivo es vivir con otros en santidad.
Para nosotros los pilares fundamentales son: Dios, familia, trabajo (y estudio), vínculo con la comunidad santa, servicio a la comunidad (en general, incluyendo a los no miembros, incluyendo a la sociedad civil). Esto significa que en primer lugar está la Santa Divinidad y nuestro servicio santo para lo que la Santa Divinidad nos mande. Luego nuestra responsabilidad principal es nuestra familia y los tiempos que compartiremos en familia. Luego nuestra responsabilidad es estudiar cuando estamos en edad para ello, o trabajar cuando estamos en edad para ello. Es decir, debemos perfeccionar nuestro conocimiento, nuestras habilidades, y debemos trabajar para asegurar los ingresos económicos o materiales para el sostenimiento de las necesidades familiares. Seguidamente nuestra comunidad santa es la prioridad, los encuentros con las células y reuniones de otro tipo con la comunidad santa. Finalmente, tenemos el compromiso de servir a la sociedad civil o a la sociedad en general, brindando algún servicio a los que necesitan. Pueden ser servicios espirituales, hospitales, cárceles o comisarías, centros para damnificados, orfanatos, geriátricos, centros de salud mental, refugiados, o cualquier grupo vulnerable, sufriente, marginado o desamparado al que el grupo celular puede ayudar.
Disponemos de ciertas fechas durante el año, que son festividades y tienen actividades propuestas. Nosotros solamente adoramos a la Santa Divinidad y no existe otra deidad o dios a quien podamos obedecer y adorar. Sin embargo, las creaciones de la Santa Divinidad como el sol, la luna, las estrellas, la naturaleza, no son objeto de adoración en sí mismos, pero sí de gratitud a la Santa Divinidad por habernos bendecido con ellas. También disponemos de actividades familiares propuestas. Es decir que la familia tiene propuestas de actividades para distintos momentos de la semana, del mes y del año.
Promovemos la ayuda económica o material a las personas necesitadas, en forma de limosna u obsequios. Sin embargo, tener en cuenta las obligaciones familiares, pues no corresponde que nuestra propia familia pase necesidades insatisfechas porque entregamos todo en caridad y limosna. Nuestro servicio al prójimo, si bien es una criatura de Dios, debe ser coherente con nuestras responsabilidades y obligaciones en los otros ámbitos de nuestra vida, que también están al servicio de Dios, pues todos los órdenes de nuestra vida se relacionan con Dios, no solamente el prójimo necesitado. Debemos ser generosos, pero también debemos ser responsables y cuidar y administrar los recursos que, en definitiva, la Santa Divinidad nos hace llegar. Todo lo pertenece a la Santa Divinidad y todo viene de la Santa Divinidad.
Dispondremos de textos alojados en internet, para que los miembros puedan leer gratuitamente. El objetivo es que los miembros estudien los textos, no para rendir un examen, sino para sumergirse completamente en la relación santa con la Santa Divinidad comprendiendo cómo lograrlo. También estará disponible material audiovisual en redes sociales. Todo este material puede ser trabajado con los miembros de las células, en familia, e individualmente.
Dispondremos de protocolos, guías y ejercicios para orientar nuestra conducta y lograr adquirir los hábitos adecuados que nos permitan lograr la santidad. Nosotros solicitamos una conducta santa para servir a Dios, pero a los miembros les ayudaremos a lograrlo. No es adecuado pedir alcanzar ciertas metas si no ayudamos a alcanzarlas
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